Verdolagas con cerdo en caldillo

Hay guisos que huelen a comida casera de verdad, de esa que se sirve con tortillas calientitas y deja la cocina llena de antojo 🍲. Las verdolagas con cerdo en caldillo entran justo en esa categoría.

Rendidoras, sabrosas y muy cumplidoras, quedan con la carne bien suavecita, un caldillo rojo con mucho sabor y las verdolagas en ese punto donde ya se cocieron, pero todavía se sienten ricas 🌿. Cuando se hacen bien, se vuelven de esas recetas que uno quiere repetir seguido.

Índice

🥬 Ingredientes

Tiempo total
2 horas
Preparación
Fácil
Para cocer la carne:
🐖 1 kilo de espinazo de cerdo, costilla o carne surtida de puerco
🧅 1 trozo de cebolla
🧄 1 diente de ajo grande
🌿 2 hojas de laurel
⚫ 3 pimientas gordas
🌰 3 clavitos de olor
🧂 1 cucharada de sal de grano
🍗 1 cucharadita de caldo de pollo o res en polvo, opcional
Para el caldillo:
🌶️ 4 chiles guajillo desvenados
🌶️ 1 chile ancho o pasilla
🍅 2 jitomates saladet bien rojos
🧅 1 trozo de cebolla
🧄 1 diente de ajo
⚫ 8 pimientas negras
🌿 1/4 de cucharadita de orégano seco
🌰 1 pizca de comino
🫓 2 tortillas de maíz
🧂 1 cucharadita de sal, o al gusto
🫒 2 cucharadas de aceite
Para terminar el guiso:
🌿 1 manojo de verdolagas, ya lavadas y desinfectadas
🍗 1/4 de cucharadita de caldo en polvo, opcional
🧂 Sal extra solo si hace falta rectificar

Con esta cantidad salen de cuatro a seis porciones, dependiendo de qué tanto caldo dejes y con qué las acompañes. Si quieres un plato más lucidor, el arroz y los frijoles les quedan de maravilla 😋.

👩‍🍳 Cómo preparar las verdolagas con cerdo en caldillo

La clave de este guiso está en no correr las etapas importantes. Primero se cuece bien la carne, luego se hace el caldillo y al final entran las verdolagas, que no necesitan eternidad para quedar buenas 🌿.

Cuece la carne hasta que quede bien suave

Coloca el cerdo en una olla con agua suficiente para cubrirlo por completo. Agrega cebolla, ajo, laurel, pimienta gorda, clavo, sal y, si te gusta, un poco de caldo en polvo. Déjala cocer hasta que se sienta suavecita.

En olla normal puede tardar alrededor de hora y media a dos horas, según el corte. En olla exprés, el tiempo baja bastante. Lo importante aquí no es el reloj, sino que la carne ya casi se desbarate sola 🐖.

Cuando esté lista, retira las especias grandes. No tires el caldo, porque ahí ya quedó guardado mucho sabor. Ese mismo líquido te sirve para licuar el adobo y para darle cuerpo al guiso.

Haz el caldillo rojo y sofríelo

Pon a cocer los jitomates y, aparte, dales una pasada rápida a los chiles en el comal. Solo se asan tantito, apenas hasta que huelan rico 🌶️. Si se queman, amargan la salsa y ahí sí se arruina el resultado.

Calienta también las tortillas unos segundos. Después licúa jitomates, chiles, tortillas, ajo, cebolla, pimienta negra, orégano, comino, sal y una taza del agua donde cociste los jitomates o un poco del caldo de la carne.

Licúa muy bien y cuela. Luego sofríe esa salsa en aceite caliente, pero sin exceso. Déjala hervir unos minutos para que cambie el color, se acomode el sabor y pierda ese toque crudo que a veces queda 🍅.

Integra la carne y termina con las verdolagas

Cuando el caldillo ya esté bien hervido, agrega la carne cocida con parte de su caldo. Déjala hervir unos 10 minutos para que el cerdo agarre el sabor del chile y del jitomate.

Mientras tanto, limpia las verdolagas. Puedes dejar partes tiernas del tallo, pero conviene retirar lo más grueso. Luego córtalas al tamaño que te guste. Ya limpias se reducen muchísimo, así que no te asustes si al inicio parecen demasiadas.

Agrega las verdolagas al final, mezcla y deja que hiervan de 6 a 8 minutos más. Ese tramo final cambia todo: el caldo toma su sabor, ellas se suavizan y el guiso queda con esa pinta casera que abre el apetito 🥄.

⏱️ Señal de que ya está listo
El cerdo debe sentirse suave, el caldillo debe verse ligeramente espeso y las verdolagas tienen que estar cocidas, pero no deshechas. Si ya todo huele a guiso bien sazonado, vas por excelente camino.

🐖 Qué corte de cerdo conviene usar

No hay una sola forma correcta de hacerlo, pero sí hay cortes que dan mejor sabor y mejor textura. Este platillo se lleva muy bien con piezas que sueltan sustancia al cocerse y dejan el caldo con más cuerpo 🍲.

El espinazo es de los favoritos porque queda sabroso y rendidor. Tiene huesito, algo de grasita y, bien cocido, aporta un sabor muy casero. Además, el caldito se siente más completo y con más fondo.

La costilla también funciona muy bien. Cuando se dora tantito después de cocerse, agarra un sabor riquísimo. Si te gustan los guisos con más jugo y mordida, esta opción queda de lujo.

Otra posibilidad es usar carne surtida, con maciza y costilla. Así obtienes equilibrio: partes más carnosas, partes con huesito y un resultado muy sabroso. Es una buena idea cuando cocinas para varias personas.

Si quieres una versión un poco más ligera, puedes usar lomo, pero debes cuidar más la cocción. Ese corte se seca con más facilidad, y en este guiso la gracia está en que la carne quede jugosa y bien suave.

🌶️ Cómo lograr un caldillo con más sabor

El caldillo es el corazón del platillo. Puedes tener buena carne y buenas verdolagas, pero si la salsa sale plana, todo se siente a medias. Aquí entran esos detalles que parecen pequeños, pero cambian muchísimo el resultado.

Uno de ellos es asar los chiles apenas lo necesario. No se trata de tostarlos de más, sino de despertar el aroma. Ese golpecito de comal les da profundidad sin meter amargor innecesario 🌶️.

Otro truco muy casero es añadir tortilla de maíz al adobo. Ayuda a espesar sin maltratar el sabor y deja el caldillo con una textura más abrazadora. No queda pesado; queda con cuerpo.

Colar la salsa también hace diferencia. Sí, toma un poquito más de tiempo, pero el caldillo sale más fino, sin pellejitos ni semillas sueltas. En un guiso así, esa textura más limpia se agradece bastante.

Y no te saltes el sofrito. La salsa necesita hervir en aceite antes de juntarse con la carne. Ese paso le quita lo crudo, intensifica el color y hace que el sabor se sienta más redondo 🍅.

🌿 Secreto de sabor casero
Si quieres un guiso más perfumado y mejor amarrado, usa parte del caldo donde se coció la carne para licuar la salsa. Ahí ya viven la cebolla, el ajo y las especias, así que el caldillo queda todavía más sabroso.

🍲 Señales de que ya quedó en su punto

Aquí hay algo que casi nadie te dice: no todo se decide por minutos. Este platillo pide mirar, oler y hasta mover la olla con calma. Cuando aprendes a leer esas señales, te queda mucho mejor.

La primera señal es la carne. Debe estar bien cocida y muy blandita. Si todavía se siente dura o tiesa, no importa que el color se vea bonito: aún le falta.

La segunda es el caldillo. No debe quedar como agua roja, pero tampoco como salsa espesa de mesa. Lo ideal es una textura caldosita, con cuerpo, capaz de abrazar la carne y las verdolagas sin ahogarlas.

La tercera son las verdolagas. Cuando entran crudas parecen bastante, pero se bajan muchísimo. Están listas cuando ya se suavizaron, se integraron al guiso y siguen viéndose apetitosas, no apagadas ni recocidas 🌿.

Y hay una última pista, quizá la más confiable: el aroma. Cuando toda la cocina huele a comida de verdad, con chile, carne y verdolagas bien sazonadas, casi siempre ya estás del otro lado 😌.

🍽️ Con qué acompañarlas para lucirse

Este guiso por sí solo llena bastante, pero bien acompañado se vuelve todavía más lucidor. De hecho, muchas veces el encanto está en lo que pones alrededor, porque ahí conviertes una comida rica en una comida memorable.

Las tortillas de maíz recién hechas le quedan preciosas. Ese taco con caldillo y verdolagas es de los que uno se come casi en silencio, porque en ese momento no hace falta decir mucho 🫓.

El arroz blanco o rojo es una excelente opción si quieres que rinda más. Absorbe muy bien el caldito y hace que el plato se vea abundante. Para reuniones familiares funciona perfecto.

También combina delicioso con frijoles de la olla o refritos. Ese contraste entre el caldo y los frijoles hace una comida muy de casa, muy cumplidora y de las que dejan a todos contentos.

Si te gusta el picante, un chile serrano al lado cae de maravilla. Y si la idea es venderlo o servirlo bonito, una rebanada de cebolla, arroz y tortillas envueltas levantan muchísimo la presentación 😋.

🍽️ Idea de presentación
Sirve las verdolagas con cerdo en plato hondo, con un poco de arroz a un lado, tortillas calientitas y frijoles aparte. Se ve más completo, más antojable y además rinde muy bien para una comida familiar.

✨ Variantes deliciosas del mismo guiso

Una de las cosas más bonitas de esta receta es que se deja adaptar sin perder su esencia. Sigue siendo verdolagas con cerdo, pero puedes mover el perfil del caldillo según lo que tengas o según el antojo del día.

La versión roja, que es la de este artículo, queda profunda, casera y muy sabrosa. El guajillo aporta color, el chile ancho da más fondo y el jitomate amarra todo de forma muy rica.

Si te gustan los sabores más frescos, puedes hacerla en salsa verde. Ahí entran tomatillos, serrano o jalapeño, ajo, cebolla y cilantro. Queda más viva y más picosita, pero igual de rica 🌶️.

También existe la versión más ranchera, donde la carne se cocina con poquita agua, se deja dorar un poco y luego se mezcla con una salsa más sencilla. Sale menos caldosa y más de diario, muy buena para taquear.

Incluso puedes jugar con el tipo de chile. Morita, puya o pasilla aportan perfiles distintos. Lo importante es no perder el equilibrio: la salsa debe acompañar a las verdolagas, no taparlas por completo.

Si quieres un plato más rendidor, aumenta un poco el caldo y sirve con arroz. Si prefieres algo más concentrado, deja reducir unos minutos extra. Las dos formas funcionan, solo cambian el estilo del plato 🥘.

🧊 Cómo conservarlas y recalentarlas

Este guiso se conserva bastante bien, y eso lo vuelve todavía más práctico. De hecho, al día siguiente muchas veces sabe incluso mejor, porque el cerdo, el caldillo y las verdolagas ya se terminaron de entender entre sí ❄️.

Cuando se enfríe, guárdalo en un recipiente bien tapado y llévalo al refrigerador. Lo ideal es consumirlo en dos o tres días. Más allá de eso, las verdolagas empiezan a perder gracia.

Si lo vas a recalentar, hazlo a fuego medio y con calma. No lo hiervas de más otra vez, porque la carne puede secarse y las verdolagas se pasan. Si ves que espesó mucho, agrega un chorrito de agua o caldo.

También puedes congelarlo, aunque aquí conviene ser sincera: la textura de las verdolagas cambia un poco. Se puede hacer, sí, pero queda mejor recién hecho o refrigerado poco tiempo.

Para una comida rápida entre semana, esta receta es una joya. Solo recalientas, ajustas sal si hace falta y en minutos tienes un plato completo, sabroso y con cara de que te tardaste mucho más de lo que en realidad fue.

Si después de recalentarlo sientes que le falta vida, no siempre necesita más sal. A veces basta con un poquito de caldo caliente o una tortilla recién salida del comal para que vuelva a sentirse recién hecho.

Las verdolagas con cerdo en caldillo tienen algo especial: son humildes, pero lucen muchísimo. Con ingredientes sencillos logran un plato con carácter, de esos que reconfortan, llenan y dejan con ganas de repetir.

Si te gustan los guisos bien sabrosos, con carne suave y caldito que pide tortilla a gritos, esta receta merece un lugar fijo en tu cocina 🌿. Es de las que siempre cumplen y casi siempre terminan volviéndose favoritas.

Fabiola Ocampo

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