Crema de Ejotes con Almendras
Hay recetas que parecen sencillas hasta que pruebas una cucharada y te das cuenta de que tienen ese sabor casero que abraza. Esta crema de ejotes con almendras es justo así: suave, calientita, cremosa y con un toque elegante sin complicarte en la cocina.
Lo bonito es que no necesitas muchos ingredientes para lograr una crema rica. El secreto está en cocer bien los ejotes, sofreír con calma, equilibrar la leche con la crema y usar almendras para darle un acabado más especial.
🥬 Ingredientes
Con estas cantidades obtienes una crema casera de textura suave, ideal para servir como entrada o como acompañamiento. Las almendras no solo decoran, también aportan un contraste crujiente muy rico.
Si quieres una crema más ligera, puedes reducir un poco la crema y aumentar la leche. Si prefieres un sabor más profundo, usa caldo de pollo casero o un caldo vegetal bien sazonado.
👩🍳 Preparación paso a paso
La crema de ejotes es fácil, pero hay pequeños detalles que cambian mucho el resultado. No se trata solo de licuar y calentar; la clave está en cuidar la cocción y la base cremosa.
Corta y cuece los ejotes
Primero lava muy bien los ejotes. Corta los extremos y después pártelos en dos o tres piezas, según el tamaño. Así se cuecen más parejo y será más fácil licuarlos después.
Coloca una olla con agua caliente, agrega un poquito de sal y añade los ejotes. Déjalos cocer a fuego medio durante unos 6 minutos aproximadamente, hasta que estén suaves, pero no deshechos.
Cuando ya estén cocidos, escúrrelos y deja que se enfríen un poco. Aparta unos cuantos ejotes enteros o en trocitos para decorar la crema al final. Ese detalle hace que el plato se vea más bonito 🥬.
Licúa la base de la crema
Coloca la mayor parte de los ejotes cocidos en la licuadora. Agrega el diente de ajo, la leche, el caldo de pollo y sal al gusto. Una buena medida inicial puede ser media cucharadita de sal.
Licúa hasta obtener una mezcla lo más tersa posible. Si notas que está demasiado espesa para que la licuadora trabaje bien, puedes añadir un poco más de caldo, pero sin exagerar.
Forma la base con mantequilla y harina
En una olla a fuego medio, agrega el aceite de oliva y la mantequilla. Cuando la mantequilla se derrita por completo, añade la harina y mezcla constantemente para formar una pastita suave.
Este paso ayuda a que la crema tenga una textura más sedosa. No dejes de mover, porque la harina puede quemarse rápido y dar un sabor amargo.
Después de unos minutos, cuando la mezcla se vea espumosa y ligeramente integrada, añade los ejotes licuados. Mezcla muy bien para que la base se incorpore sin grumos.
Agrega la crema y ajusta el sabor
Cuando la mezcla empiece a calentarse y salgan burbujitas suaves, baja el fuego. Agrega la crema poco a poco mientras mueves con un batidor de globo o una cuchara firme.
Deja cocinar a fuego bajo durante unos 6 minutos, moviendo de vez en cuando. Al final, prueba y ajusta sal o pimienta. La crema debe quedar suave, con sabor a ejote, ajo y un fondo lácteo muy rico.
Mientras la crema termina de calentarse, tuesta ligeramente las almendras en un sartén seco. Solo necesitan unos minutos; cuando suelten aroma y se vean un poco doradas, estarán listas 🌰.
🌰 El toque de almendras
Las almendras hacen que esta crema se sienta más completa. No cambian la esencia casera de la receta, pero sí le dan un toque elegante y crujiente, perfecto para servirla en comida familiar o cena especial.
Lo ideal es usar almendras fileteadas, porque se ven bonitas sobre la crema y se doran rápido. También puedes usar almendras picadas si es lo que tienes en casa.
No hace falta poner demasiadas. Con una pequeña cantidad al servir basta para que cada cucharada tenga contraste. Si pones muchas, podrían dominar el sabor delicado del ejote.
Otra opción deliciosa es licuar una cucharada de almendras con los ejotes y dejar el resto para decorar. Así la crema toma un cuerpo más aterciopelado sin necesidad de añadir más harina.
🥣 Cómo lograr una textura cremosa
Una buena crema de verduras debe sentirse ligera, pero no aguada. Debe cubrir la cuchara, caer suavemente y mantener ese punto casero que se disfruta desde el primer bocado.
El primer truco está en no sobrecocer los ejotes. Si se pasan demasiado, pueden perder color y sabor. Lo mejor es cocerlos hasta que estén suaves, pero todavía con un verde agradable.
El segundo truco está en la mezcla de harina con mantequilla. Esa pastita funciona como una base espesante. Si la cocinas bien, la crema queda más integrada y no se siente como leche con verdura molida.
El tercer truco es agregar la crema cuando la preparación ya está caliente, pero no hirviendo fuerte. Si el fuego está demasiado alto, la crema puede cortarse o perder esa textura bonita.
Si al final queda muy espesa, añade un chorrito de leche o caldo caliente. Si queda muy líquida, deja cocinar unos minutos más a fuego bajo, moviendo con paciencia.
🍽️ Con qué acompañarla
Esta crema funciona muy bien como entrada, pero también puede acompañar platos más completos. Por su sabor suave, combina con carnes, pollo, pescado, arroz o incluso una cena ligera con pan tostado.
Si la sirves antes de un plato fuerte, conviene ofrecer porciones pequeñas. Así abre el apetito sin llenar demasiado. Una taza de crema con almendras encima ya se ve bonita y bien servida ✨.
Para una comida casera, puedes acompañarla con pechuga asada, milanesa, pollo al horno o un arroz blanco sencillo. La crema aporta suavidad y equilibra platillos con sabores más marcados.
También queda rica con crutones, pan dorado con mantequilla o tortillas horneadas en tiras. Solo procura que el acompañamiento no tenga demasiada sal, porque la crema ya lleva caldo y sazón.
🌿 Versión vegetariana
Si quieres preparar esta crema sin caldo de pollo ni tanta leche, también se puede hacer de una forma más ligera. La idea es aprovechar el sabor natural de los ejotes y reforzarlo con ajo, cebolla y especias.
Para esta versión, cuece los ejotes como siempre y reserva un poco del agua de cocción. Después sofríe cebolla picada con ajo en poco aceite. Cuando suelten aroma, agrega los ejotes y mezcla.
Licúa todo con un vasito del agua donde se cocieron los ejotes, una pizca de tomillo, pimienta y caldo vegetal. Si hace falta, ajusta sal poco a poco. El resultado es más ligero y muy sabroso.
Esta alternativa es práctica cuando buscas algo más saludable o cuando alguien en casa no puede comer tanta crema. No queda idéntica, claro, pero tiene un sabor limpio y reconfortante.
Y si quieres conservar el toque de almendras, puedes licuar algunas con los ejotes. Eso ayuda a dar cremosidad y hace que la receta vegetariana se sienta menos simple.
🧄 Errores que cambian el sabor
El primer error es dejar que la harina se queme. Cuando eso pasa, aunque agregues leche y crema, queda un fondo amargo difícil de ocultar. Por eso conviene mover constantemente y mantener fuego medio.
Otro error común es no probar antes de servir. El caldo puede tener sal, la crema puede suavizar demasiado el sabor y los ejotes pueden necesitar más pimienta. Probar al final es obligatorio.
También conviene cuidar el ajo. Un diente es suficiente para esta cantidad. Si agregas demasiado, la crema puede perder su sabor delicado y quedar más fuerte de lo esperado.
Si usas almendras, no las tuestes de más. Deben quedar ligeramente doradas, no oscuras. Cuando se queman, toman un sabor intenso que puede arruinar la suavidad de la crema.
Y algo importante: no hiervas fuerte después de añadir la crema. Mantén fuego bajo, mueve con calma y deja que todo se caliente sin prisas. Ese detalle evita que la textura se corte.
🔥 Variantes deliciosas
La receta base ya queda muy buena, pero también puedes adaptarla según lo que tengas en casa. Lo importante es respetar el sabor principal del ejote y no taparlo con ingredientes demasiado fuertes.
Una variante rica es agregar cebolla sofrita junto con el ajo. La cebolla aporta dulzor y hace que la crema tenga un fondo más casero, especialmente si la cocinas hasta que se vea transparente.
Otra opción es añadir champiñones. Puedes saltearlos aparte y ponerlos encima al servir, o incorporar un poco en la mezcla. Esta versión recuerda un poco a las preparaciones de ejotes con crema de champiñones.
Si buscas una presentación más festiva, coloca encima cebollitas fritas, almendras tostadas y unos ejotes reservados. Queda muy bien para cenas especiales, Navidad o comidas donde quieres algo fácil pero lucidor 🎄.
También puedes hacerla más especiada con una pizquita de tomillo. No pongas demasiado; solo un toque basta para darle aroma sin convertir la crema en otra receta.
❄️ Conservación y recalentado
Si te sobra crema, deja que se enfríe antes de guardarla. Luego pásala a un recipiente con tapa y refrigérala. Lo mejor es consumirla dentro de los siguientes 2 o 3 días.
Para recalentarla, usa fuego bajo y mueve constantemente. Si notas que espesó demasiado en el refrigerador, agrega un chorrito de leche, caldo o agua caliente hasta recuperar la textura deseada.
No es recomendable hervirla fuerte al recalentar, porque la crema puede separarse. Lo ideal es calentarla despacio, como si la estuvieras despertando otra vez, hasta que vuelva a sentirse suave.
Las almendras conviene guardarlas aparte. Si las dejas dentro de la crema, pierden lo crujiente. Mejor agrégalas justo al servir para que mantengan su textura y su aroma.
🍲 Cómo servirla bonita
Servir una crema no tiene por qué ser aburrido. Usa un plato hondo o una taza bonita, coloca la crema caliente y termina con almendras tostadas, pimienta recién molida y unos trocitos de ejote.
Si quieres que se vea más elegante, agrega un pequeño hilo de crema al centro y pásale suavemente una cuchara para formar un remolino. Es un detalle simple, pero hace que parezca de restaurante.
También puedes añadir unas gotas de aceite de oliva al final. No es obligatorio, pero da brillo y combina muy bien con el sabor suave del ejote y la almendra.
La mejor forma de disfrutarla es recién hecha, cuando todavía está calientita y cremosa. Ahí se siente mejor la combinación de ajo, leche, crema, ejote y ese toque doradito de almendra.
Esta crema de ejotes con almendras es de esas recetas que puedes preparar entre semana, pero también servir cuando quieres algo más especial. Es sencilla, rendidora, suave y con un sabor que se queda en la memoria sin hacer demasiado ruido.
Si la haces con calma, pruebas la sazón al final y agregas las almendras justo al servir, tendrás una crema bien rica, cremosa y casera, perfecta para llevar algo calientito y bonito a la mesa.

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